El CorÁn y Muhammad

Él es el que crea la noche y el día, y el sol y la luna: cada uno navega en su órbita (21:33)

 

Las comunicaciones verbales de Allah que han sido registradas por escrito se conocen como libros sagrados o escrituras y constituyen un ejemplo de Ilm-al-yaqin. Los libros sagrados mencionados por Allah en el Sagrado Corán son la Tora, los Salmos, el Evangelio y el Corán mismo. Allah encomendó a los mensajeros que recibieran y difundiesen estas escrituras, que demuestran que Él ha diseñado el universo y todos los seres en él de acuerdo con un sistema de leyes físicas y espirituales. Las escrituras ofrecen directrices para una conducta correcta basadas en estas leyes. Por ejemplo, en los Diez Mandamientos, Allah delinea con claridad cómo espera que la humanidad se comporte en la tierra. Allah describe el tipo de comportamiento que está en armonía con la constitución humana y nos ordena actuar dentro de esos parámetros.

Una escritura puede, pues, concebirse como un manual operativo de comportamiento humano, basado en el esquema universal de la creación. Cuando nos comportamos de acuerdo con la conducta prescrita, estamos en armonía con el universo. Cuando transgredimos estas leyese, las consecuencias pueden no ser favorables, para nosotros o para otros. Si una persona salta de lo alto de un acantilado sin paracaídas, tiene muchas posibilidades de resultar gravemente herido o incluso morir. Su familia, amigos, etc. pueden también sentir repercusiones dolorosas. No vemos esta muerte como un castigo, sino como la consecuencia de un acción irresponsable que desafía la ley de la gravedad. Tanto en el ámbito físico como en el ámbito espiritual, los así llamados “castigos” o “recompensas” son en realidad las consecuencias naturales de nuestros actos. Al ser Allah Misericordioso y Justo, el comportamiento que Él ha ordenado resulta beneficioso para nosotros, como individuos y como sociedad. Esto no quiere decir que la vida en la tierra sea siempre fácil para aquellos que siguen las prescripciones de Allah. Cuando un ser humano aprender a mirar desde la perspectiva de Allah, lo que otros pueden considerar como negativo o erróneo, él puede concebirlo como parte del gran orden universal.

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El Sagrado Corán

Y este Qur’an no puede haber sido producido por nadie excepto Allah. Es una confirmación de (revelaciones) anteriores y una explicación más completa del Libro –en el que no hay duda- del Señor de los Mundos. (10:37)

El Sagrado Corán es la última escritura enviada a la humanidad. Abarca las escrituras anteriores, y actúa como una especie de destilación de los preceptos de Allah revelados previamente. El Corán opera en varios niveles, desde instrucciones relativas a la experiencia humana cotidiana y mundana hasta un retrato de nuestro cosmos que ha sido confirmado por la observación científica más reciente. Incluye mandatos morales en el ámbito social y personal, basados en las leyes universales creadas por Allah, así como historias con enseñanzas relativas a civilizaciones anteriores, que permiten aprender de sus éxitos y fracasos. El Corán resume toda la historia de la humanidad, desde su creación a su fallecimiento en la tierra y su lugar en la eternidad.

Y te hemos, pues, inspirado un Espíritu por nuestro mandato. Antes no sabías lo que era la escritura, ni la fe. Pero hemos hecho de él una luz con la que guiamos a aquellos de Nuestros siervos que queremos. En verdad, guías al camino recto.(42:52)

La razón por la que el Corán es considerado como la revelación más importantes es que es la palabra literal de Dios. Estas palabras fueron reveladas al Profeta Muhammad (s.a.w.s.) internamente, por medio de Haqq-al-Yaqin, para serle luego confirmadas en lengua árabe por el arcángel Gabriel (a.s.), por medio de Ilm-al-Yaqin. El proceso se completaba cuando Muhammad (a.s.), que era analfabeto, dictaba a escribas los versos exactos. Nada ha sido añadido o quitado del texto coránico desde que fuera originalmente revelado. Una prueba adicional de su autenticidad es la impecable simetría lírica y matemática de su contenido. Una persona analfabeta como Muhammad (s.a.w.s.) no podría haber producido una obra así, considerada como la más fina expresión de la lengua árabe, repleta de intrincados códigos matemáticos en la formulación de sus versos.

Las enseñanzas del Corán abarcan el mundo físico y espiritual, y promueven la comprensión de que estos no son dominios separados, sino más bien las dos caras de una misma moneda. Debido a que Allah quiso manifestarse a Sí Mismo, surgió el mundo material; lo que llamamos “espiritual” es simplemente una forma menos sólida de la misma energía que rige el cosmos. En el Corán, los aspectos “interior” y “exterior” se encuentran. El Corán es un completo manual de conocimiento y conducta, la dilucidación del buen comportamiento basado en la intención correcta.

Allah afirma de forma repetida y enfática en el Corán que el hombre está en la tierra con la misión de reconocer y servir a su Creador. Esta es la conducta del insan-i-kamil, lo que Allah quiere que sea. Allah, en su generosidad, dio al ser humano la capacidad de conocer Su Ser infinito. A cambio, el Creador sólo pide que el hombre esté agradecido por su oportunidad de disfrutar de tal abundancia y que actúe de una manera responsable en lo que respecta a su destino en la vida. Los seres humanos son responsables de sus acciones porque Allah les ha dado el conocimiento en que cimentarlas. El complejo carácter del ser humano refleja su personificación de cada uno de los atributos de Allah. Por ello, el hombre puede tanto causar la destrucción en la tierra como promover una forma de vida pacífica. El hombre usa para su beneficio o perjuicio el poder de elección de Allah, la voluntad libre.

Las responsabilidades con las que deben cargar los seres humanos están claramente estipuladas en el Corán. Su primer deber es vivir una vida recta y virtuosa. En segundo lugar, debe hacer todo lo posible para asegurar el bienestar de su familia. En tercer lugar, sus acciones deben ser beneficiosas para la comunidad en la que vive, que se extiende, en círculos concéntricos, por todo el mundo, abarcando el universo entero. Tal vez sea difícil entender cómo las acciones de un individuo puedan tener un efecto en todo el universo. Pero cuando tenemos en cuenta que la energía nunca se pierde en el cosmos, resulta más fácilmente comprensible. Usando el método de observación de Ayn-al-Yaqin podemos percibir cómo esto ocurre: un padre trata con crueldad a su hijo; a su vez, el hijo arremete contra los que le rodean, y así sucesivamente, creando un círculo de comportamiento destructivo.

Las personas que han alcanzado un alto grado de liderazgo social tienen una obligación especial de actuar correctamente, ya que su influencia se percibe de manera más inmediata y permanente y a una escala mayor. La humanidad está ahora mimo sufriendo las consecuencias de la corrupción y abusos de algunos dictadores, hace algunas décadas. Nuestra sociedad todavía no se ha recuperado del legado secular del tráfico de esclavos entre África y Europa y América. Un ser humano debe hacer lo posible por promover la justicia en el mundo. Si goza de una posición política o social influyente, debe usarla para la mejora de la sociedad. Aquellos que no se hallan en esa situación están obligados a emplear cualquier medio a su disposición: trátese de su pluma, su palabra o una oración sincera. Esta obligación ilustra la importancia de usar apropiadamente el poder de las palabras, externa e internamente.

 

Y revelamos en el Corán lo que es una curación y una misericordia

para los creyentes. (17:82)

Los efectos beneficiosos del Corán pueden ser percibidos en los planos físico, moral, social y espiritual, ya que el poder de la palabra de Allah opera en varios niveles que abarcan la vida interior y exterior del hombre. El profundo entendimiento espiritual que puede resultar de una lectura sincera del Corán es un ejemplo de su eficacia para con el hombre interior. Se dice que el Corán contiene hasta once niveles de sabiduría. El hombre aprende a percibir estos significados interiores a medida que progresa espiritualmente y alumbra áreas de percepción cada vez más profundas dentro de su ser. La comprensión de dimensiones más sutiles de significado en el Corán es un ejemplo de cómo Ilm-al-Yaqin, el estudio de la escritura, conduce a Haqq-al-Yaqin, la forma en que Allah comunica conocimiento directamente al corazón del creyente.

La lectura del Corán ha sido también usada para promover la sanación física, lo que demuestra la profundidad de conocimiento inherente a esta escritura. Los sanadores que usan el Corán creen que la recitación de ciertos pasajes produce vibraciones que a su vez generan curaciones efectivas. Las fórmulas numerológicas inherentes en el texto coránico son a veces empleadas en los exigente procedimientos de la sanación espiritual. Este impacto físico del poder de la palabra de Allah durante la sanación ejemplifica la conjunción de los ámbitos interno y externo de la existencia en la experiencia humana.

La unidad exterior e interior se realiza de forma consciente en aquel cuyo conocimiento, acciones y entendimiento surgen de la misma fuente unificada. El objetivo del Sufí es interiorizar y exteriorizar la palabra de Allah de manera que él mismo “se vuelva el Corán”. En este nivel, el conocimiento y poder de mandato de Allah - los dos aspectos de Su palabra - convergen en el verdadero ser humano. El modelo para esta persona plenamente realizada es el Santo Profeta Muhammad (s.a.w.s.)

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El Profeta Muhammad (s.a.w.s.)

“Muhammad no es el padre de ninguno de vosotros, sino el Mensajero de Allah y el Sello de los Profetas. Allah todo lo sabe.” (33:40)

El último profeta enviado por Allah a los seres humanos fue Muhammad (s.a.w.s.) de Arabia. Muhammad (s.a.w.s.) vivía entre gentes que adoraban a una gran variedad de ídolos, habiéndose desviado de la fe de sus ancestros en Allah. En su ciudad natal, Meca, el Profeta Abraham y su hijo el Profeta Ismael habían construido la Kaba siglos atrás, como un lugar sagrado para quienes deseaban venerar a su Señor. En el tiempo de Muhammad, sin embargo, la Kaba se utilizaba como un centro de adoración y peregrinación paganas.[1] Las costumbres sociales habían también degenerado desde el tiempo de Ismael (a.s.) y la regresión al politeísmo había resultado en la fragmentación de la cultura tribal árabe. La rivalidad entre familias se había convertido en la norma, y prácticas repugnantes como el infanticidio femenino eran comunes.

Muhammad (s.a.w.s.) nunca suscribió las creencias politeístas de la mayoría de su gente, y llevaba una vida sencilla e introspectiva. A la edad de cuarenta años recibió la llamada de Allah para ser el último de Sus profetas en la tierra. Durante los primeros tres años de misión tuvo unos pocos seguidores; luego recibió la orden de difundir la luz de Allah más allá del círculo de su familia y amigos. Al final de su misión, la Kaba volvía a cumplir su propósito original, se habían instaurado valores morales y cívicos basados en las leyes prescritas por Allah y el mensaje traído por el Profeta Muhammad (s.a.w.s.) se extendía por toda la península árabe.

La energía espiritual atesorada en la persona de Muhammad (s.a.w.s.) continúa viva en el mundo de hoy, más de mil años después de que el Profeta (s.a.w.s.) dejase físicamente la tierra. En el comienzo del siglo veintiuno, el Islam es la religión que más crece en Estados Unidos y tiene más seguidores que cualquier otra fe en la historia de la humanidad.

Los que siguen al Mensajero-Profeta que no puede ni leer ni escribir, a quien encontrarán descrito en su Tora y en su Evangelio, que les ordena lo que está bien y les prohíbe lo que está mal, les declara lícitas todas las cosas buenas e ilícitas sólo las malas, y les libera de sus cargas y de los yugos que pesaban sobre ellos. Los que crean en él, le honren y auxilien, y sigan la Luz enviada con él: estos tendrán éxito. (7:157)

La primera palabra que Allah le dijo a Muhammad (s.a.w.s.) fue “¡Recita!” Durante un período de veintitrés años el Corán fue revelado a su exponente viviente, Muhammad (s.a.w.s.) con el fin de que el hombre pudiera aprender en detalle cómo vivir con rectitud y en armonía con la creación de Allah. La primera revelación al Profeta indica que Allah considera el conocimiento como una prioridad para los creyentes.[2] Una idea que también muestran diversos hadices. A continuación se citan varios ejemplos de los dichos del Profeta (s.a.w.s.) sobre el conocimiento.

· Allah, te pido conocimiento beneficioso, acción correcta y buena provisión (petición del Profeta (s.a.w.s.) después de la oración de alba).

· Adquirir conocimiento en compañía durante una hora por la noche es mejor que pasar toda la noche rezando.

· Para el que sigue un camino en búsqueda de conocimiento, Allah hará ese camino fácil, y conducirá al Paraíso a él y a las personas que se congreguen en las casas de Allah (mezquitas), y a las que reciten, aprendan y enseñen el Libro de Allah. Sobre ellos descenderá la tranquilidad, les cubrirá la misericordia, los ángeles los rodearán y Allah los mencionará en la presencia de los que se hallan cerca de Él.

· El que muere mientras está ocupado en adquirir conocimiento con el fin de revivir el Islam, encontrará que, en el Paraíso, hay solo un grado entre él y los Profetas.

· El hombre de conocimiento aumenta su sumisión a Allah mientras que el hombre del mundo se vuelve obstinado y desafiante.

· El que parte en búsqueda de conocimiento se mantiene ocupado en la causa de Allah hasta que regresa de su búsqueda.

· Allah, Sus ángeles y los que están en el Cielo y en la Tierra, incluso las hormigas en sus hormigueros y los peces en el agua, invocan bendiciones para los que instruyen a la gente en el conocimiento beneficioso.

· Si alguien recorre una senda en búsqueda de conocimiento, Allah le hará recorrer una de las sendas del Paraíso. Los ángeles bajarán su alas, complacidos con el buscador de conocimiento; los habitantes de los cielos y la Tierra y los peces en las profundidades del mar pedirán perdón para el sabio. La superioridad del sabio sobre el devoto es como la de la luna llena sobre los astros. Los sabios son los herederos de los Profetas, y los Profetas no dejan ni dinares ni dirhames[3], sino sólo conocimiento y el que lo toma, recibe una abundante provisión.

Un hadiz bien conocido es la declaración del Profeta (s.a.w.s.): “La búsqueda de conocimiento es una obligación para todo musulmán.” La implicaciones de este enunciado son enormes. El concepto de un Dios misterioso e impenetrable deja paso a la noción de un Ser Supremo que alienta el desarrollo del intelecto humano, alimentado por un corazón hambriento por la verdad, tanto en el hombre como en la mujer. Es la confirmación del punto de vista sufí de que Allah creó el universo y la humanidad con el fin de ser conocido.

Todos los profetas alcanzaron virtudes elevadas que se correspondían con las necesidades de su gente. A medida que Allah revelaba más de Su sabiduría, aumentaba la capacidad de los mensajeros para sobrellevarla, porque éstos debían reflejar - como ejemplos vivientes - el conocimiento que trasmitían. La morada de la Profecía alcanzó su madurez con Muhammad (s.a.w.s.). La cohesión espiritual y social lograda como resultado de su trabajo generó las condiciones favorables para preservar el conocimiento de manera permanente y no adulterada. De esta forma, la más reciente Escritura Sagrada concedida a la humanidad, el sagrado Corán, fue compilado y preservado. A diferencia de las Escrituras anteriores, el Corán nunca ha sido alterado desde que salió de la boca del Profeta Muhammad (s.a.w.s.).

La perfecta expresión del conocimiento de Allah en el Corán encuentra su correspondencia viviente en el ejemplo del Profeta (s.a.w.s.), que ejemplifica el ideal interno y externo del ser humano. Muhammad (s.a.w.s.) realiza completamente la forma externa y el contenido interno del conocimiento de Si Mismo que Allah quiso impartir al hombre. Todas la virtudes que Allah alienta al ser humano a alcanzar están contenidas en el ser de Muhammad (s.a.w.s.). Es otras palabras, Muhammad (s.a.w.s.) es el Corán. Su realidad es la síntesis de Ilm-al-Yakin, Ayn-al-Yakin, y Haq-Yakin, la compleción del don más grande que Allah nos ha concedido: el entendimiento de la verdad suprema.

“Este día he perfeccionado para vosotros vuestra religión, he completado Mi favor hacia vosotros, y he escogido el Islam (la sumisión) como vuestra religión...” (5:3)

En Muhammad (s.a.w.s.), se completa el ciclo del desarrollo humano. De Su rostro, Su esencia, Allah creó la Luz de Muhammad, que es la esencia espiritual de todos los creyentes. Allah reforzó la manifestación terrena de Su luz continuamente a lo largo de la historia del ser humano, enviando una sucesión de profetas para asegurar la verdad en los corazones de los creyentes. Este circuito de luz tuvo su broche en la llegada de Muhammad (s.a.w.s.) en forma física en la Tierra, ya que él era la manifestación material de la energía primordial con la que Allah escogió agraciar al ser humano. Muhammad (s.a.w.s.) ejemplifica el conocimiento espiritual y la conducta del insan-i-kamil. Es a la vez el prototipo y la última realización del modelo humano que Allah tenía en mente al comienzo de la creación.

El mundo no terminó cuando Muhammad (s.a.w.s.) pasó a la otra vida. Desde entonces, las civilizaciones han continuado floreciendo, declinando y reestructurándose. La lucha humana por sobrevivir y prosperar persiste siempre, a veces alimentada por la sabiduría y la justicia, y a veces por la ignorancia y la codicia. El progreso científico, al incrementar la capacidad humana de dominar el universo, requiere un aumento equivalente de la conciencia espiritual, si queremos que nuestras sociedades mantengan su salud y equilibrio. De ahí que la guía divina sea necesaria mientras los seres humanos habiten la Tierra. Esta guía, perfeccionada por Muhammad (s.a.w.s.) y preservada intacta en el sagrado Corán, está disponible para todos en nuestra rapidísima edad de la comunicación. El mensaje del último Profeta (s.a.w.s.), sigue circulando el globo.

“Así, en el mensajero de Alá tienen un buen ejemplo para quien cuenta con Alá y con el último día, y recuerda mucho a Allah.” (Corán 33:21)

El papel de Muhammad (s.a.w.s.) como Profeta Universal y el último de todos los profetas concierne el perfeccionamiento de la de espiritualidad humana. Al seguir el consejo de Allah de imitar la conducta ejemplar del Profeta, los seres humanos esperan alcanzar un estado que complazca a Allah.

Para los que desean adentrarse más profundamente en un estado de unidad con la esencia de Allah, la designación de Muhammad (s.a.w.s.) como Habilullah, el amado de Allah, es la clave. Este título indica su relación única de intimidad con el Creador, un florecimiento de la esencia divina en el corazón del hombre. El método del desarrollo espiritual interno que conduce a tal estado fue enseñado privadamente por Muhammad (s.a.w.s.) a dos de sus sucesores, Abu Bakr Siddiq (el Veraz) (r.a.) y Ali Waliullah (el Amigo de Allah) (r.a.). Esta técnica, llamada tasawwuf, ha sido trasmitida de generación en generación hasta nuestros días. Los guías autorizados de esta senda, basada en el zikr, el recuerdo de Allah, son los sheijs sufíes. Estos maestros son los herederos del Profeta Muhammad (s.a.w.s.) en sus estados espirituales internos, en su conducta externa, y en sus papel como guías y protectores dentro de sus comunidades. A través de ellos, Allah continúa repartiendo Su mensaje de luz y amor. El conocimiento divino transmitido por cada uno de Sus Profetas es así sostenido, y el antiguo pacto entre Dios y el hombre es conservado intacto

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La sumisión

Bismillah er Rahman er Rahim

Verdaderamente en el Mensajero de Allah tenéis un buen ejemplo para el que anhela Allah y el último Día y que recuerda mucho a Allah (hace zikr de Allah). (33:21)

El sufí desea amar a Allah y ser amado por Él. En la tariqa, sigue los pasos del Profeta (s.a.w.s.) con este único objetivo en el corazón, porque sabe que Muhammad (s.a.w.s.) es Habibullah, el amado de Allah. El sufí comprende que la única forma de obtener el amor de Dios es por medio de la sumisión, porque con ella niega los deseos egoístas de su nafs buscando complacer a su Creador. Allah creó al Profeta (s.a.w.s.) como el modelo del ser humano, en un estado de completa sumisión a su Señor. Este exquisito estado comprendía un perfecto equilibrio entre su ser interior y exterior, cuya clave era mantenerse centrado en Allah en todas las cosas. De la firmeza de su fe brotaba la intención, impecablemente pura, de servir a su Señor con amor, en pensamiento, palabra y obra.

Esto es porque Allah nunca cambia la gracia que Él ha concedido a ningún pueblo hasta que ellos cambian primero lo que está en sus nafs, y (esto es) porque Allah es el que todo lo Oye, el que todo lo Sabe. (8:53)

En la dinámica de esta relación amorosa con su Señor, a medida que el Profeta (s.a.w.s.) examinaba más profundamente la pureza de su intención, Allah incrementaba su fe. El murid sufí trata de reproducir esta relación, manteniéndose centrado en Allah, con el fin de someterse a El en todas las cosas. La intención es el fundamento de la sumisión, el aspecto interior que confiere significado a los actos exteriores. La intención de actuar con el fin de complacer a Allah es el fundamento de la fe, porque con ella damos por sentada la completa soberanía de Allah. El reconocimiento de “La ilaha illa llah” – de que, en verdad, no hay más dios que Allah - está implícita en la pura intención del creyente. El creyente que, como nuestro Profeta (s.a.w.s.), sabe que Allah tiene todo el poder, debe iniciar cada acción diciendo “Bismilla er Rahman er Rahim”, “En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo.” Al decir esta frase con sinceridad, declaramos que está actuando en el nombre de Allah, con el poder de Allah. Decir “Bismillah er Rahman er Rahim” es hallarse en un estado de rabita con Allah, y es el comienzo de la sumisión.

Quienquiera que se someta a Allah por entero y haga el bien, tendrá su recompensa junto a su Señor. No tendrá miedo ni penará. (2:112)

Si el comienzo de la sumisión es la intención pura de actuar en el nombre de Allah, su culminación se encuentra en el aspecto externo de la acción correcta. Actuar rectamente brota del corazón de una persona que ha sido purificada de la interferencia del nafs, y es modelada por su excelso carácter. Al ser purificado del nafs, a través de sus distintos niveles, el murid alcanza un buen ahlak, un carácter hermoso. Este consta de los nobles rasgos que adornaron al Profeta Muhammad (s.a.w.s.) y le ayudaron a alcanzar cercanía con Allah. Un buen ahlak conducirá al murid por las circunstancias de la vida con donaire y fortaleza, porque constituye la semilla de la conducta correcta. Llevar el buen ahlak a la acción es conocido como la práctica del adab[4]. Este es la manifestación externa de la voluntad interior de aceptar el decreto de Allah y de servirLe con amor. Observar el adab es basar nuestras intenciones sobre la premisa de que Allah es el Dueño del universo. Las acciones realizadas con adab reflejan la comprensión de que aun cuando Él nos ha concedido una voluntad consciente para tomar decisiones, no ejercemos este privilegio de manera independiente, sino tan sólo como ejecutores de Su energía y atributos.


[1] La Kaba: La Casa de Dios fundada por Ibrahim (a.s.) en Meca has sido el destino de los peregrinos musulmanes desde el triunfo del Islam en Meca con Muhammad (s.a.w.s.)

[2] Recita: En el nombre de tu Señor, el Creador, que crea al hombre de un coágulo de sangre. Recita: Y tu Señor es el Más Generoso, que enseña con la pluma , enseña al hombre lo que no sabía. (96:1-5)

[3] Dinares y dirhames: monedas árabes

[4] Adab: comportamiento cortés

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