Los niveles de la realidad

 

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La mente y nuestro mundo

Por Sheij Mohammad Abdullah Ansari

Cada quien tiene su idea de cómo deben ser las cosas. La ciudad, el país, nuestros hijos, vecinos, todas las cosas y todo el mundo. Es poco probable que todo coincida con nuestra imagen de como deben de ser las cosas. Y ¿como pueden ser, si cuando las imágenes o ideas de cada quien son diferentes? Vivimos en una ciudad. Por caso, decimos que es una ciudad de 300,000 personas. Así que tenemos 300,000 ideas de como debe ser la ciudad. La ciudad se va a conformar con un conjunto o mezcla de todas las imágenes de las 300,000 personas. Puedes hacer tu casa como quieras si vives solo o casi, si vives con gente de ideas similares o que a ellos no les importe. También puedes escoger vivir en una comunidad privada con gente con conceptos casi como los tuyos. Pero tan pronto dejas tu casa o vecindad chocas con otros mundos. Como tratas con los mundos de otros o la amalgamación de conceptos, ideas e imágenes conflictivas, depende de tu madures o sabiduría.

Aquí he usado los términos ‘ideas, conceptos e imágenes’. Son términos abstractos. No dije la ciudad, las calles, la basura, los edificios, el tráfico, el ambiente, etc. ¿Por qué? Porque estas cosas no existen por sí mismas. Este mundo material no es más que un reflejo de las ideas, conceptos e imágenes en la mente de la gente. Los hechos o actos físicos que sucedieron para crear las cosas o situaciones son meramente incidentales. Lo importante es la mente o las imágenes e ideas de la gente.

Es totalmente imposible que el mundo se pueda conformar con nuestros conceptos de cómo debe ser. Aun así la gente tercamente sostiene sus ideas como las únicas válidas y el mundo como algo estático, sólido y real. Se enojan, juzgan, se desesperan. Algunos trabajan para cambiar las cosas para que se acerquen más a sus conceptos y si pueden encontrar suficiente gente con conceptos similares, podrían lograr cambiar algo. Sin embargo, con el tiempo las cosas se transforman en otra cosa. El mundo está en un estado de flujo constante, aunque no vemos el movimiento (por vivir en otro marco de tiempo), si pudiéramos, veríamos el mundo y todas las cosas como una oleada de moción, cambio y traslación. Al ver el mundo de esta forma, se pierde su solidez y empezamos a ver la realidad de la existencia.

Una vez que la realidad de la naturaleza moldeable y básicamente inestable del mundo material se hace conocido en una persona, la necesidad de tener todo a su manera, disminuye y es más flexible. Aquí también estriban unos hechos esotéricos e importantes: la conexión entre la mente y lo material es tan estrecha que es posible cambiar lo físico con el poder de la mente y a esa habilidad se le llama magia, sin embargo, el sabio, él que realmente tiene un entendimiento más amplio, ha dejado de desear que todo se conforme con sus deseos o conceptos, más bien, sabe que los deseos y conceptos no son realmente suyos sino engaños del ser bajo y fuerzas negativas. El que ha trabajado para desarrollarse espiritualmente (nota de definición: el significado real de la frase “desarrollar espiritualmente” es la sincronización de uno mismo con lo divino), poco a poco se encuentra con deseos que coinciden con los de Dios. El puede ver o experimentar las partes distintas dentro de si mismo (somos un legión, en las palabras de Jesús) y escoge seguir lo apropiado y dominar o mejor dicho, colocar en sus lugares lo demás.

La necesidad de que todo debe ser a nuestra manera, según nuestros conceptos, nos conduce a la neurosis, el nerviosismo, el estado de enojo y estrés y, al fin y al cabo, al descontento y enfermedades físicas y emocionales. Y aun más importante, bloquea una visión real de cómo es el mundo, universo y Dios mismo. La visión de la realidad también se revela o la guía de Dios nos llega, nos encontramos en las vías de lo correcto, como dentro de una ranura en que todo sale bien y fácil.

Esto, todo lo anterior mencionado nos presenta con varias preguntas y no poca confusión. ¿Debemos aceptar todo? ¿No debemos luchar por lo correcto? ¿Cuáles de nuestros deseos y conceptos son correctos, cuáles provienen del ser bajo y cómo podemos saber? ¿Cuánto debemos aguantar (hasta que punto debemos poner la otra mejilla)? Y ¿Cómo aguantamos todo lo malo a nuestro alrededor, las molestias, injusticias, disturbios, estupideces y maltrato?

A final de cuentas vamos a tener que aceptar todo lo que no nos gusta que no podemos cambiar, no importa lo que hagamos o quisiéramos. Nuestros vecinos, la conducta de la gente en general, choferes descorteses o peligrosos, el jefe y nuestros compañeros de trabajo, todo lo que no es de nuestro gusto en la cuidad, etc. También, la condición del mundo – los conflictos bélicos, la economía, el clima y muchísimo más. Es decir, contra lo que no podemos cambiar (que es mucho más de lo que pensamos) es irracional reaccionar emocionalmente. En estos casos se aplica la cita bíblica “La verdad te liberará.” Esto quiere decir, el puro conocimiento de la realidad de las cosas es una parte grande del camino hacia la iluminación. Pero no es todo. La sabiduría requiere dos partes: esfuerzo o voluntad personal (trabajo) y la ayuda divina. Primero conocimiento (de como son las cosas y qué hacer), entonces el esfuerzo y el esfuerzo abre los canales o quita los velos para hacer fluir la ayuda de Dios que siempre había estado pero oculta por nuestra propia culpa.

La visión de la realidad sólo llega a los que la quieren, la buscan y trabajan para lograrla. Si comes como cualquier persona, si trabajas como cualquier persona, si duermes como cualquier persona, si amas como cualquier persona, en fin, si vives como cualquier persona, nunca vas a ver más que una fachada o apariencia engañosa de la realidad de este mundo y la vida. Lo que vemos es una creación de la mente de la gente, incluyéndonos. La mente a que me refiero no es la mente real, la del corazón espiritual sino la mente nafs (del ser bajo) y la mente cerebral. La creación de las cosas materiales (el mundo) por la mente parece una declaración metafórica pero es mucho más. Pero dejemos este punto al lado por ahora para hablar del aspecto práctico de este tema.

En la senda espiritual hay dos aspectos interconectados: el cambio de uno mismo por la vía del culto o adoración (llamado yoga bhakti por los hindúes) y el otro, trabajo, es decir, esfuerzo personal para realizar los cambios. Los dos son esenciales y coinciden en parte, uno con el otro. No hay una distinción clara entre los dos y los dos requieren conocimiento y guía para efectuarse correctamente.

Debe ser clara la imposibilidad de tener todo según nuestros gustos o caprichos. Más, debemos darnos cuenta de que los gustos y conceptos que tenemos necesitan ser analizados y evaluados – no son necesariamente válidos ni importantes. Necesitamos desarrollar una forma de músculo que se usa para controlar las emociones. Podemos tener ojos especiales para ver las actividades invisibles, las fuerzas que provocan las emociones, en otros y en nosotros, y exactamente como usamos la mente para levantar un brazo, podemos aguantar, apreciar y hasta disfrutar situaciones o condiciones desagradables. Este músculo es un requisito previo no sólo para el desarrollo espiritual y una visión de la realidad sino para una vida feliz.